sábado, 17 de mayo de 2014

CATEQUESIS DOMINICAL

CRISTO, CAMINO, VERDAD Y VIDA
 
Ideas principales de las lecturas de este domingo:
  • 1ª Lectura: Hechos de los Apóstoles 6,1-7: El servicio de la caridad. En la comunidad de Jerusalén se suscitó tensión entre los de lengua hebrea y los de lengua griega. Los apóstoles zanjan la cuestión y se resuelve la situación eligiendo colaboradores para que se dediquen al servicio diaconal, a la caridad entre los hermanos.
  • 2ª Lectura: I Pedro 2,4-9: Las piedras vivas de la Iglesia. Pedro define la Iglesia como un nuevo templo, pero no un gran edificio, sino una comunidad de creyentes que testimonian la presencia del Señor resucitado en la vida cotidiana. En este templo, los cristianos son las piedras vivas, cuyo fundamento es Cristo, la piedra angular.
  • Evangelio: Juan 14,1-12: Cristo, camino, verdad y vida. Juan nos brinda la afirmación fundamental del Señor: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Conocer a Cristo equivale a ver al Padre. Dios no es ya inasequible, es asequible en Cristo, que es el camino que nos conduce a él.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo: Pedro, en la segunda lectura, define la Iglesia como un nuevo templo; deja muy claro que no es un gran edificio, sino una comunidad de creyentes que testimonian la presencia del Señor resucitado en la vida cotidiana. En este templo, los cristianos son las piedras vivas, que actúan y participan dentro del mismo de forma activa, plena y consciente. El fundamento de este templo es Cristo, la piedra angular. En los inicios de la Iglesia, los primeros cristianos siempre tuvieron presente esta visión de Iglesia según Pedro.
Sin embargo, la primera lectura nos revela que en la vida de la primera comunidad cristiana no todo era idílico. Había dificultades y divisiones. Pero los Apóstoles nunca se dejaron vencer por ellas. Esa lectura nos cuenta que: “Los creyentes de la lengua griega se quejaron contra los de la lengua hebrea diciendo que en el suministro diario no atendían bien a sus viudas” (Cf. Hch. 6,1).
Tal experiencia no fue buena; por lo tanto, no es digna de imitar. Sólo nos recuerda que en nuestras comunidades cristianas y familiares de hoy también surgen momentos de tensión que, a veces, acaban con nuestra tranquilidad y paciencia. Estamos en Tiempo de Pascua. Y la Pascua es fiesta, pero a la vez es tarea y camino, misión y lucha. Tenemos que luchar para desterrar las dificultades y divisiones que quieran arrebatarnos la paz y la armonía.
Para ello, los Apóstoles recurrieron a la Fe. Jesús, en el Evangelio, nos dice que “no nos inquietemos; que confiemos en Dios y confiemos en Él” (Cf. Jn. 14,1). La fe supera las tensiones comunitarias. La fe une a las personas divididas. Al escuchar esto, los cristianos tenemos que estar siempre vigilantes con las habituales prácticas de nuestro mundo. La política crea partidos, las empresas crean competencias, las mismas familias se dividen por diversos motivos. Todos los días surgen tensiones dentro de las comunidades y grupos. Lo peor es que se agraven, que crezcan los conflictos o se queden como ya están, y las personas se dividan y se hieran entre sí.
Los Apóstoles no permitieron esto, sino que escucharon las quejas y establecieron el diálogo para encontrar una solución. Con ello, se descentralizaron las responsabilidades dentro de la Iglesia y se nombró a los siete diáconos, con una función de caridad o diaconía. El diálogo es hoy muy necesario en la vida familiar, en la comunidad cristiana, en los grupos y entre los políticos y empresas, para buscar la verdad y no los intereses particulares.
Cristo se presenta hoy a nuestra consideración como Camino, Verdad y Vida. Y lo hace cuando se despide de sus discípulos, y les asegura que va a un sitio donde volverán a encontrarse, y allí para siempre; ese lugar será la Casa del Padre, nuestro destino final o el estado de la felicidad sin fin. Esa promesa de Jesús a los suyos sigue siendo cuestionada por algunos e incomprendida por otros. Muchos, como Tomás, seguimos preguntando a Jesús: “Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?” (Jn. 14,5).
La pregunta de Tomás no es descabellada. Él parte de la experiencia de que el mundo nos ofrece muchos caminos que no siempre llevan a la felicidad anhelada. Hoy también tenemos por delante muchos y mejores caminos, por tierra, por aire y por amar. Vamos y venimos. Corremos y volamos. Caminamos, cada vez más deprisa y con más seguridad con ayuda de mapas, GPS y guías turísticas. Pero seguimos sin saber a dónde vamos. No podemos saber el camino que lleva a la Casa del Padre, a la felicidad eterna.
Queridos hermanos y hermanas, la Virgen, nuestra Madre es nuestro Mapa, el GPS y la Guía que nos conduce hacia su Hijo, Jesús, el Camino, Verdad y Vida. Amén.

domingo, 11 de mayo de 2014

CATEQUESIS DOMINICAL

IV DOMINGO DE PASCUA. Ciclo A
EL PASTOR Y LOS PASTORES
 
Ideas principales de las lecturas de este domingo:
  • 1ª Lectura: Hechos de los Apóstoles 2, 14 a.36-41:  En la primera lectura, del Libro de los Hechos de los Apóstoles,Pedro narra la vida de Cristo y ofrece la salvación a todos siguiendo el ejemplo del Señor. Es el camino del Resucitado lo que nos salvará. Allí --y entonces-- aceptaron la palabra de Dios y se convirtieron tres mil. ¿Aceptamos nosotros, aquí y ahora, el mensaje de Cristo?
  • 2ª Lectura: Primera Carta del Apóstol San Pedro 2, 20b-25: Hay referencias, en la segunda lectura, sacada de la primera carta del Apóstol San Pedro, a la profecía de Isaías que con la figura del Siervo de Yahvé presenta a Jesús como el cordero dispuesto a la muerte. Pero, además, Jesús es cordero y pastor. Es compañero y puerta. Nos guía y nos acompaña.
  • Evangelio: Juan 10,1-10: El Evangelio de San Juan nos revela que el Señor Jesús es la puerta que nos da acceso a la vida perfecta, al seguimiento de él y a la escucha de su palabra. Hay duras palabras para los falsos pastores a quien el mismo Jesús acusa de ladrones.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo: Este domingo, conocido como el del Buen Pastor, tiene recientemente, desde tiempos del Papa Pablo VI, el matiz propio de ser Jornada de oración por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Y en algunas partes es también el día de la parroquia. Estos dos aspectos no deben desdibujar el sentido propio de este domingo pascual, sino integrarse convenientemente en la liturgia.
Una de las imágenes bíblicas más entrañables es la del pastor. Ya en las catacumbas y en los mosaicos de las antiguas basílicas es frecuente la imagen del “buen pastor”, joven y fuerte, que carga una oveja sobre sus hombros. Pastor y cordero son una misma realidad, dentro de la maravillosa unidad de las imágenes terrenas usadas para representar al Cristo pascual desde la primitiva Iglesia. Son rasgos propios del pastor la fortaleza, el aguante, el silencio, la sensibilidad, la capacidad de observación, la sencillez de un rico mundo espiritual y la constancia. Todas las características encerradas en la figura, frecuentemente enjuta y curtida, del pastor, hacen que sea persona entrañable e imprescindible en la experiencia de la vida rural de todos los tiempos, aunque aquellos que viven en las grandes ciudades y un tanto tecnificados, tengan que hacer un esfuerzo para captar la riqueza de su significado.
Antes de llegar al contenido teológico-pastoral del evangelio de hoy, hay que explicar que las ovejas son animales con poco instinto de orientación; por eso necesitan la ayuda de la constante dirección y defensa. Necesitan oír la voz conocida del pastor para seguirlo. Por eso pastor y ovejas deben estar perfectamente compenetrados. Se deben conocer mutuamente. Y a partir de estas simples observaciones del mundo rural el pueblo de Israel sabía discernir muy bien entre el pastor bueno y el que no tiene mayor interés por sus ovejas. Y Jesús aprovecha estos conocimientos elementales de la gente sencilla para presentarse ante ellos como Buen Pastor que da la vida por sus ovejas.
En nuestra sociedad hay muchos púlpitos desde donde los líderes hablan y gritan en busca de seguidores. Jesús, desde el ambón del mundo, anuncia su mensaje veraz y es el primero que da testimonio y da su vida por todos. Algunas personas se sienten ofendidas al escuchar el evangelio de hoy, que habla de ovejas. Ellas no son ovejas masificadas, dicen con razón, y por eso no aceptan el lenguaje evangélico. Quizá estas mismas personas son manipuladas o instrumentalizadas por los que gritan en las plazas y en los medios de comunicación.
Cristo, el Pastor, no actúa de esta forma, no manipula ni instrumentaliza a las personas, sino que las personaliza, pues establece relaciones personales con cada uno de nosotros. Cristo no sabe contar más que hasta uno, y este uno es cada de nosotros. No busca su interés, no es un aprovechado. No busca ni el voto ni las influencias, sino que da la vida por cada uno y se interesa generosamente. Su relación no es fría y lejana, sino llena de de amor y de cercanía. La lógica de Cristo es darse, servir y dar la vida por los que ama. Cristo es una figura de viva actualidad. La voz de Jesús no es aduladora ni promete falsos paraísos, es voz fascinante y cercana, comprensiva y personalizada.
En nuestro ejercicio de pastoreo, si somos responsables de la vida y los destinos de los demás, hemos de seguir a Cristo Buen Pastor. AMÉN.

domingo, 4 de mayo de 2014

CATEQUESIS DOMINICAL

LA MESA DE LA PALABRA Y DEL PAN

Ideas principales de las lecturas de este domingo:
  • 1ª Lectura: Hechos de los Apóstoles 2,14.22-33: Pedro, sin miedo alguno, proclama públicamente la vida, milagros y prodigios que hizo Jesús, pero sobre todo cuenta su muerte y resurrección. Pedro y los demás apóstoles son testigos y dan testimonio de la verdad.
  • 2ª Lectura: I Pedro 1,17-21: Pagamos un elevado precio por aquello que valoramos y amamos. Cristo no ha pagado con oro nuestra libertad sino con su propia sangre. Y nos ha dado en cambio la salvación. La certeza de la resurrección de Cristo llena de gozo a los creyentes y fortalece su fe y esperanza.
  • Evangelio: Lucas 24,13-35: El Resucitado se hace encontradizo con los discípulos que huyen por miedo de Jerusalén. Conversa con ellos y les explica e interpreta las Escrituras. Lo reconocieron al partir el pan. Los discípulos vuelven a Jerusalén para anunciar a sus hermanos de comunidad la noticia de su experiencia. Hoy, también Cristo es nuestro compañero de camino, nos explica las Escrituras y permanece con nosotros al partir y compartir el pan.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo: Dos discípulos caminan hacia Emaús. Su crisis de fe se refleja en su rostro y no reconocen al Maestro hasta que él parte el pan. Sus ojos están cerrados a pesar de que por el camino ardía su corazón mientras les explicaba las Escrituras. La Palabra y el Pan eucarístico son los compañeros de camino para los cristianos.
En nuestra vida hay días de eclipse y no reconocemos al Señor ni siquiera cuando se hace presente como compañero de camino. Reconocemos a Jesús en la celebración de la Palabra cuando se proclaman las lecturas bíblicas. El que es Palabra nos habla y conversa con nosotros. Nuestro corazón va ardiendo a medida que le escuchamos. Luego lo reconocemos al partir el pan eucarístico. Es el alimento para el camino hasta que él vuelva al final de los tiempos. Se ha quedado con nosotros, nos acompaña y nosotros le acompañamos, y los dos recorremos el camino.
Nunca un cristiano está solo. Reconocemos también a Jesús en la caridad fraterna, signo propio de sus discípulos. Los dos discípulos tuvieron el gesto de invitar al peregrino desconocido a cenar con ellos. La caridad fraterna es la mejor clave para reconocer la presencia del Señor en nuestras vidas. Volvieron a Jerusalén a contar su experiencia a los demás y darles la grata noticia. Al salir de la celebración eucarística tenemos como misión contar nuestra experiencia eucarística a los demás y dar testimonio de lo que hemos celebrado. Descubrimos a Cristo en cada página de la historia, en la Eucaristía y en el rostro de los hermanos. Amén.

jueves, 1 de mayo de 2014

ACTIVIDADES PARROQUIALES

CUARTO ANIVERSARIO DE NUESTRO BLOG

El próximo Domingo, tercero de Pascua, se cumple el cuarto aniversario de nuestro Blog Parroquial. Durante estos cuatro años, desde nuestra página hemos:
  • Informado de las actividades diocesanas y parroquiales.
  • Ofrecido la Catequesis Dominical, comentarios al Evangelio de cada domingo.
  • Horarios de misas y actividades.
  • Reseñas de libros, publicaciones y música.
  • Y otros servicios pastorales...
Cuatro años de servicio pastoral desde nuestra humilde Parroquia de pueblo, con más de 7.600 visitas desde 46 países del mundo, con el objetivo de poner nuestro pequeño granito de arena en el mandato de Jesús a sus discípulos: "Id por todo el mundo, llevando la Buena Noticia a todos los hombres"; sintiéndonos corresponsable de esta misión evangelizadora.
 
Desde nuestra página queremos desearos muchas felicidades en este aniversario, ya que sois todos los que nos leéis, los principales artífices del Blog. Y gracias por seguirnos. 

domingo, 27 de abril de 2014

CATEQUESIS DOMINICAL

II DOMINGO DE PASCUA. Ciclo A.
PAZ DE CRISTO RESUCITADO

Ideas principales de las lecturas de este domingo:
  • 1ª Lectura: Hechos de los Apóstoles 2,42-47: La primera comunidad cristiana. La lectura hace un resumen de la vida que lleva la primera comunidad. Los cristianos encontraban en la oración y en la fracción del pan la fuerza necesaria para mantenerse unidos y dar testimonio del Resucitado. Compartían cuanto tenían.
  • 2ª Lectura: Pedro 1,3-9: Resucitados para una esperanza viva. En su primera carta a los cristianos de Asia Menor, Pedro quiere animarles y les consuela ante la persecución. Les recuerda que el Resucitado es la garantía de la firme esperanza; no es una esperanza vacía, sino viva y fundada en la resurrección de Cristo. Su fruto es la alegría y la confianza cuando llegan los tiempos difíciles.
  • Evangelio: Juan 20,19-31: Las apariciones del Resucitado. Es difícil creer en la vida cuando rodea la muerte. Los apóstoles han vivido la experiencia de la muerte de Jesús y ahora se abren al misterio de su resurrección. EL que había sido crucificado se aparece con los signos de su pasión y muerte. Cristo no está condicionado por las leyes del cosmos o de la historia, no conoce barreras. Comunica paz y da su Espíritu. Y al que era incrédulo lo hace creyente.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo: Hoy celebramos el II Domingo de Pascua, la Octava de la Pascua, y seguimos celebrando la Pascua durante 50 días -siete semanas-, hasta Pentecostés. Pero la Pascua no termina, aunque los acentos sean de distinta intensidad. La liturgia nos ofrecerá durante este tiempo, manifestaciones, palabras y signos de Jesús. También de los discípulos del Señor, las primeras comunidades cristianas. Este domingo se celebra también el Domingo de la Misericordia, porque los mensajes nos hablan de la gran misericordia divina, que perdona y que instituye el sacramento del perdón, y por otras circunstancias histórico-eclesiales, relacionadas con Sta. Faustina y Juan Pablo II.
Las lecturas de hoy nos hablan del poder transformador de la fe pascual. La primera lectura, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos relata la vida de los primeros cristianos que sigue siendo modelo a imitar para los cristianos de nuestro tiempo. Ellos vivían “como hermanos”; eran constantes en escuchar las enseñanzas de los apóstoles, compartían los bienes y muchas experiencias de la vida (formaban una piña entre ellos), se juntaban para celebrar la Eucaristía semanal y receban en común. Ese estilo de vida, nunca visto hasta entonces, impresionó a todo el pueblo. Había sido una auténtica experiencia transformadora de la vida muchos creyentes. 
El evangelio nos recuerda que la fe en el Cristo resucitado es capaz de hacer que el grupo de los discípulos, cerrados sobre sí mismo por miedo (a los judíos), al ridículo y la hostilidad circundante se transforme, por la fuerza del Espíritu, en una comunidad misionera. Es verdad que los discípulos estaban acobardados, muertos de miedo, pensando en la muerte de su Señor, como los muchos miedos que tenemos nosotros hoy para creer firmemente al Señor. Pero Jesús viene a su encuentro; toma la iniciativa de ir hasta donde estaban y se planta en medio de ellos, como un sol, y los discípulos se llenaron de alegría, se emocionaban. Efectivamente, Jesús sabía que ellos necesitaban de su presencia para recobrar el ánimo y la valentía en ese momento de incertidumbre en que se encontraban. 
Para ello, Jesús, resucitado les ofreció sus dones más esperados y más necesitados para superarlo todo: la paz para que se tranquilicen y sean dueños de sí mismos; la fe para que dejen de dudar y se adhieren a Él (por eso, les enseña las señales de los clavos); el perdón de los pecados para que venzan cualquier tipo de mal, manifestado en odios, venganzas, resentimientos…; y el gozo de saber y experimentar que Él vive en los que creen sin haber visto.
Jesús nos les dio estos dones para que los guardasen, sino para comunicarlos. El que quiera guardarlos los pierde. Ni la sal debe retenerse en el salero, ni la luz ponerla debajo del celemín. Hoy nos envía el Cristo resucitado a la calle a llevar estos dones a nuestros hermanos. Amén.

domingo, 20 de abril de 2014

CATEQUESIS DOMINICAL

DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCION. Ciclo A
CRISTO HA RESUCITADO ¡ALELUYA!
 
Ideas principales de las lecturas de este domingo:

  • 1ª Lectura: Hechos de los Apóstoles 10, 34a. 37-43. Testigos de la resurrección. Pedro sintetiza en su discurso lo que la Iglesia cree. Además afirma su experiencia personal y la de los otros discípulos, pues ha comido y bebido con el Resucitado. Ellos dan testimonio y lo anuncian al pueblo.
  • 2ª Lectura: Colosenses 3, 1-4. Cuando se buscan los bienes de arriba es Pascua. Pablo, prisionero en Roma, escribe a los Colosenses sobre los frutos de la resurrección y de la llamada a participar en el misterio de Cristo. Establece la conexión entre el misterio pascual, el bautismo y nuestras actitudes. La Pascua de Cristo es el fundamento de nuestra fe y hace posible que nuestros ojos busquen los bienes de arriba.
  • Evangelio: Juan 20, 1-9. Cristo ha resucitado y el sepulcro está vacío. María Magdalena va al amanecer al sepulcro y lo encuentra vacío. Se alarma y alarma los discípulos, Pedro y Juan corren al sepulcro; ven y creen. El evangelista advierte que hasta entonces no habían entendido la Escritura, es decir, que no habían comprendido el alcance del misterio de la resurrección.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Hoy es la fiesta cristiana más importante del año. No sólo la más importante, sino la fuente y origen de todas las demás. La Eucaristía del domingo es la prolongación en el tiempo y en el espacio de la noticia que el ángel dio a las mujeres que fueron a embalsamar el cuerpo de Jesús la mañana del domingo: "No está aquí. Ha resucitado".
Esta extraordinaria y gran noticia, la resurrección de Cristo, es la esencia originaria de nuestra fe. Es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar. Esta noticia fue transmitida y, sobre todo, comprobada y experimentada por los primeros cristianos. Esta noticia ha llegado hasta nosotros. Al igual que los Apóstoles, nosotros, los cristianos, debemos experimentar que Cristo actúa en nuestra vida, transformándola y haciendo de nosotros hombres y mujeres de bien para los demás.
La resurrección de Cristo es la fiesta de la afirmación de la "vida que no tiene fin". Al celebrar esta fiesta, debemos salir de nosotros mismos, de nuestras dudas, tristezas y pesimismos, y desear Feliz Pascua de Resurrección a todos los que nos rodean. San Agustín decía que "la resurrección del Señor es nuestra esperanza" (Sermón 261, 1). Hoy, los cristianos, debemos salir a la calle y decir a los hombres y mujeres de nuestro mundo que Jesús resucitó para nosotros, aunque destinados a la muerte, no desesperemos pensando que con la muerte se acaba totalmente la vida; Cristo ha resucitado para darnos la esperanza,
En efecto, una de las preguntas que mas angustian la existencia del hombre es precisamente ésta: ¿que hay después de la muerte? Esta solemnidad nos permite responder a este enigma afirmando que la muerte no tiene la última palabra, porque al final es la Vida la que triunfa. Nuestra certeza no se basa en simples razonamientos humanos, sino en un dato histórico de fe: Jesucristo, crucificado y sepultado, ha resucitado con su cuerpo glorioso. Jesús ha resucitado para que también nosotros, creyendo en Él, podamos tener la vida eterna.
Este anuncio está en el corazón del mensaje evangélico. San Pablo lo afirma con fuerza: "Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo". Y añade: "Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados" (1Co 15, 14.19). Por tanto, la resurrección no es una teoría, sino una realidad histórica revelada por el Hombre Jesucristo mediante su "pascua", su "paso", que ha abierto una "nueva vía" entre la tierra y el Cielo. No es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que el Viernes fue bajado de la cruz y sepultado, ha salido vencedor de la tumba.
El anuncio de la resurrección del Señor ilumina las zonas sombrías y apagadas del mundo en que vivimos. Me refiero particularmente al materialismo y el nihilismo (o negación del sentido de la vida). El materialismo no deja al hombre de nuestro tiempo valorar la dimensión espiritual del ser humano, sino aquello que se pude ver, tocar y contar; y el nihilismo vacía de sentido la misma vida del hombre y todos los misterios que la rodean, entre ellos la muerte. En efecto, si Cristo no hubiera resucitado, el "vacío" acabaría ganando. Si quitamos a Cristo y su resurrección, no hay salida para el hombre, y toda su esperanza sería ilusoria.
La resurrección de Cristo, queridos hermanos y hermanas, es una novedad que cambia la existencia de quien la acoge, como sucedió con los Apóstoles y su madre María. Amén.

sábado, 19 de abril de 2014

TRIDUO PASCUAL

JUEVES SANTO. Ciclo A
LA CRUZ, MISTERIO DE SALVACIÓN

Ideas principales de las lecturas de hoy:
 
  • 1ª Lectura: Isaías 52, 13-53,12. El Siervo de Yahvé. La figura del Siervo, en su sentido colectivo, se refiere a Israel; de una manera más personalizada, al profeta. Su pleno sentido y su cumplimiento lo encontramos en Jesús. Él es el varón de dolores. Su muerte fue el camino de su exaltación y causa de nuestra salvación.
  • 2ª Lectura: Hebreos 4,14-16; 5, 7-9. Obediencia y ofrenda de Jesús. Jesús, mediador entre el Padre y la humanidad, intercede por nosotros. Él ha conocido nuestra debilidad y ha saboreado nuestras lágrimas y dolores. Su obediencia y su ofrenda son causa de salvación. Configurarse con Él es alcanzar misericordia y gracia.
  • Evangelio: Juan 18, 1-19, 42. La Pasión de Juan. La Pasión de San Juan, a la vez que nos acerca al sufrimiento del Mesías, nos hace vislumbrar su poder y su gloria. En todo momento, aún en los más indignos y dramáticos, Jesús es dueño de la situación. Sabe que ha llegado su hora y se entrega voluntariamente.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Ayer, Jueves Santo, fue el día del amor, de la institución de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial. Hoy es el día de la cruz, de las cruces de todos: primero, la de Jesús, y, luego, la de los demás y nuestra. Naturalmente la cruz más escandalosa, la más sin-sentido fue la de Cristo, pero dio sentido a tantas cruces que, a lo largo de la historia, no lo han tenido.
Hoy es el día de todos los que padecen algún tipo de sufrimiento, ya sea nivel personal, familiar o social. Es el día de todos los países en guerra, de los enfermos incurables, de los parados, de los divorciados, de los niños abandonados, de los inmigrantes y exiliados. Hoy es el día de ponernos de rodillas ante la cruz de Cristo, y pensar, no sólo en nuestro sufrimiento, sino en el de todos los sufridos de este mundo.
Cuando miramos la cruz de Cristo de esta manera, nos damos cuenta de que en ella se encuentra todo el pecado humano y todo el sufrimiento humano, y que pesa y duele mucho. Esa cruz, obviamente, tiene mucho peso, hondura y espesura, misterio y profundidad sin límites.
La Cruz de Cristo es el resumen de todas las maldades unidas, desde la mentira y la traición, desde la ceguera irracional hasta el odio diabólico. Y da ganas de preguntarles Jesús: ¿Cómo pudiste, Señor? ¿Cómo te atreviste a cargar con el pecado del mundo?
Sin embargo, la cruz de Jesús es para el cristiano una lección de amor y de perdón. En la cruz fue el pecado vencido y el sufrimiento fue convertido en sacramento. En la cruz se esconde una energía que todo lo vence y lo renueva. No es otra que la energía del amor. En la cruz Dios amó al mundo hasta la muerte.
Pero esto es lo maravilloso, donde se acerca el amor divino todo se ilumina; recrea todo lo que toca y lo que asume. Decía San Ambrosio: "La cruz de Cristo significa la restauración del universo".
El mal fue vencido desde dentro y transformado en luz. El odio se convirtió en amor, la venganza en perdón, la enemistad en abrazo, la crueldad en ternura, la mezquindad en la mayor generosidad y todas las desgracias en fuente de gracia... Y la muerte se convirtió en hermana de la Pascua. La cruz es el triunfo del amor. Si alguien os pregunta ¿por qué murió nuestro Dios? Respondedle que "porque nos amaba". Murió para liberarnos de la muerte y asegurarnos una vida con Él en plenitud. Por eso, no dejemos de repetir con San Pablo: "Me amó y se entregó por mí". Amén.