domingo, 21 de diciembre de 2014

CATEQUESIS DOMINICAL

IV DOMINGO DE ADVIENTO. Ciclo B
TRES ENVÍOS, TRES MENSAJES

Ideas principales de las lecturas de este domingo:
  • 1ª Lectura: 2 Samuel 7, 1-5. 8b-11.16. Dios envía a Natán al rey David. David se ha propuesto construir un templo a Yahvé. El rey vive en una casa de cedro y su reinado ha alcanzado la estabilidad y el bienestar. David cree que ha llegado el momento de construir una casa digna para Dios. Sin embargo, Dios recuerda a David por medio del profeta Natán que el Señor es el constructor de todo. El mismo Señor construirá una casa para David dándole un trono que permanecerá para siempre.
  • Salmo: Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Sal 88, 2-3.4-5.27.29
  • 2ª Lectura: Romanos 16-27. Dios envía a Pablo a dar a conocer el misterio divino. ¿Quién conoce el misterio de Dios? Solamente a quien Dios se lo quiera revelar. El misterio divina, mantenido en secreto, es revelado poco a poco por los profetas y en los últimos tiempos por el mismo Cristo. Es él quien revela los misterios de Dios Padre a los hombres.
  • Evangelio: Lucas 1, 26-38. Dios envía a Gabriel a Maria. El anuncio del ángel a María es el cumplimiento de la promesa de Dios al rey David. María se convierte en templo. El Señor de señores y Rey de reyes quiere habitar an el seno de una virgen y madre de su Señor.

Querido hermanos y hermanas en Cristo: El presente domingo abre las puertas a la Navidad. Y María aparece hoy como el personaje más relevante. Porque es la mujer que supo escuchar y poner en obra la Palabra recibida. Las tres lecturas narran otros tres envíos con sus correspondientes mensajes. Los mensajes comunican la presencia de Dios en medio de la humanidad.
  • Primera lectura: Dios pactó con el rey David una alianza y le envió al profeta Natán para decirle que su reino duraría para siempre.
  • Segunda lectura: Pablo, enviado a predicar el mensaje de Cristo, revela el misterio mantenido en secreto durante siglos eternos.
  • Evangelio: Dios envía al arcángel Gabriel a María para anunciarle que el tiempo de la promesa ha llegado y la humanidad expectante espera la respuesta de María al Ángel.

Efectivamente, el arcángel Gabriel visita a María, que se turba ante la presencia y el saludo del ángel. Luego se adhiere al plan de Dios y dice: "Hágase en mí según tu palabra". Con estas palabras, María es la mujer del "si", la mujer oyente, orante y creyente. María es un folio en blanco en el que Dios escribe lo que quiere. Quizá podemos pensar que la fe de María fue fácil. Fue el acto de fe más difícil de la historia. Ella se encontró en soledad, sin poder consultar con nadie. Sola con Dios y en dialogo con el ángel.
Ella (María), la mujer creyente, es nuestra maestra que nos enseña a escuchar, orar y creer. Ella es nuestra compañera de camino que nos enseña a escuchar , nos acompaña en la oración y nos fortalece en la fe. María confía completamente en Dios, La fe nos llena de gozo en Dios. "Hágase" es la palabra permanente de María. Fue la primera palabra creadora y la primera de nuestra redención. María es el lugar bendito de encuentro entre Dios y el hombre. El fiat no se concibe como un automatismo mecánico, sino un proceso de gestación que acompaña toda nuestra existencia, como a santa María.
Escuchamos muchas palabras de Dios, muchas dudas angustiarán nuestro corazón, formularemos muchas preguntas y escucharemos muchas respuestas. En todas estas circunstancias en el proceso gestacional debemos ejercer la fe y la disponibilidad, fiarnos de Dios y ser sus colaboradores en acercar a todas las personas a la salvación que Dios nos ha ofrecido en Cristo Jesús. El "hágase" es la síntesis de nuestra vida cristiana. Amen.

domingo, 14 de diciembre de 2014

CATEQUESIS DOMINICAL

III DOMINGO DE ADVIENTO
TRES TESTIGOS

Ideas principales de las lecturas de este domingo:

  • 1ª Lectura: Isaías 61, 1-2. 10-11. El anuncio gozoso de la salvación. La profecía de Isaías nos invita a estar alegres porque el Señor está cerca. El profeta desborda de gozo y de alegría con la presencia del Señor. El Espíritu Santo ha ungido a quien nos va a curar y a alegrar, a quien nos va a sacar de la cárcel para ser felices y libres.
  • Salmo: Me alegro con mi Dios.
  • 2ª Lectura: 1 Tesalonicenses 5,16-24. La alegría de la fe. San Pablo nos pide firmeza en nuestras creencias. El Señor está cerca. Esta espera en la llegada de nuestro Dios hecho niño debe ser un tiempo de esperanza y de consolidación de nuestras creencias. Debemos de estar llenos de fe y de dicha para mejor recibir al Señor que ya viene.
  • Evangelio: Juan 1,6-8. 19-28. El testigo de la luz. El domingo anterior, el evangelio presentaba la figura de Juan Bautista como un profeta austero, hoy subraya su condición de testigo. Confiesa abiertamente que no es el Mesías, ni Elías, ni el Profeta esperado. El Bautista es la voz que grita en el desierto, voz que proclama y grita: "Allanad el camino del Señor". El que viene es la luz, el Mesías y el Profeta. Vivir el Adviento consiste en preparar los caminos del Señor.


Queridos hermanos y hermanas en Cristo: A pesar de que la liturgia de este tiempo nos recuerda con insistencia el mensaje de la conversación y de la penitencia que, en muchos casos, evoca sentimientos de sacrificio, de privaciones y de tristeza; a pesar de que la liturgia de este tiempo aconseja llevar el color morado, poco alegre como salta a la vista, pero hoy es bien diferente. Celebramos hoy el domingo de la alegría; la alegría de que el esperado está ya cerca; y con su llegada, muchas cosas van a cambiar para bien en nuestras vidas.
Las lecturas que hemos escuchado proclaman este mensaje de alegría:
  • Primera lectura: "El señor (...) me ha enviado para dar la Buena Noticia".
  • Salmo: "Me alegro con mi Dios".
  • Segunda lectura: "Estad siempre alegres".
  • Evangelio: "En medio de vosotros hay uno que no conocéis: Él es el Mesías, la Buena Noticia".

Como vemos, queridos hermanos, esta Palabra nos invita a participar de la alegría. Pero el Señor nos hace esta invitación a sabiendas de que en cada uno de nosotros no todo es alegría ni maravilloso. Nos hace esta invitación en un contexto socio-cultural en el que unos pretenden ignorar y prescindir de la realidad del dolor y el sacrificio pregonando y defendiendo sólo lo placentero y lo fácil, y otros, desde una antropología pesimista, sostienen que la tristeza es más humana que la alegría, el odio más dinamizador que el cariño, el castigo más eficaz que el consuelo, el llanto más auténtico que la risa y el dolor más cristiano que la felicidad.
Queridos hermanos, el Señor quiere que tomemos una postura responsable ante estas interpretaciones de la vida. Nos puede ayudar esta Palabra que nos dirige hoy. El Señor nos dice que lo más propio del cristiano es aceptar como "existenciales" el cariño, el amor, el consuelo, la liberación, la alegría y la felicidad; que no sólo son palabras y tópicos, sino realidades que están al alcance del hombre. Por eso nos invita a ser portadores de esas realidades.
Como el Bautista, los católicos, hemos de presentarnos al mundo como Buena Noticia y portadores de la Buena Noticia. Esto quiere decir que debemos ser los testigos de la alegría. Nuestra sociedad busca con afán la felicidad. La alegría muchas veces es pasajera y deja el corazón reseco y lleno de tristeza. El gozo y el dolor entretejen la vida. Se busca la alegría y se rechaza el dolor. La alegría madura siempre en el sacrificio. La humanidad está triste y su sonrisa es falsa y superficial. Sólo el Señor que viene es el verdadero portador de la auténtica alegría. Acerquémonos a él para vivir alegres y comunicar nuestro gozo a los que nos rodean. Amén.

lunes, 8 de diciembre de 2014

CATEQUESIS DOMINICAL

II DOMINGO DE ADVIENTO
TRES VOCES

Ideas principales de las lecturas de este domingo:
  • 1ª Lectura: Isaías 40, 1-5,9-11. Israel escucha la voz gozosa del profeta. El Deuteroisaias es el profeta encargado de transmitir el mensaje de Dios a su pueblo para que se prepare a los nuevos acontecimientos. Utiliza la poesía para suscitar ánimo e infundir esperanza en el corazón de los desterrados de Babilonia en el siglo VI a, C, Anuncia el final de una situación y la irrupción de un cambio. Termina el sufrimiento del exilio y comienza una nueva vida. Isaias es la voz de la esperanza.
  • Salmo: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos la salvación.
  • 2ª Lectura: II Pedro 3, 8-14. Pedro anuncia una tierra nueva. Entre los primeros cristianos se corrió la voz de que la vuelta del Señor era inminente. Pedro responde a su impaciencia y afirma que la promesa se cumplirá y recuerda la paciencia de Dios. Insiste en la necesidad de prepararse para la vuelta del Señor, que vendrá a instaurar un cielo nuevo y una tierra nueva.
  • Evangelio: Marcos 1, 1-8. Juan Bautista grita: "preparad los caminos al Señor". El Bautista, uno de los personajes más significativos del Adviento por su mensaje y por su forma de vestir. Juan es el mensajero del cumplimiento de las promesas, Cumple su misión, y anuncia la conversión y bautiza en las aguas del Jordán. Exhorta a sus oyentes a cambiar de vida porque el Mesías está cerca.


Queridos hermanos y hermanas en Cristo: Aunque el Adviento también evoca la penitencia y la conversión para que el Señor nos encuentre bien dispuestos, pero es, ante todo, un tiempo de esperanza, aliento y consuelo que nos da Dios, nuestro "padre". Hoy, ante la petición que hemos dirigido al Señor con las palabras del Salmo 84: "muéstranos, Señor, tu misericordia y danos la salvación", escuchamos las respuesta divina en las lecturas que propone hoy la liturgia:
  • El II Isaias: "Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios".
  • La segunda carta de Pedro: "El Señor no tardará en cumplir su promesa".
  • El evangelio de Marcos de un modo directo: "Jesús es la Buena Noticia".

Es una respuesta que se eleva por encima del pesimismo y la frustración humana, como un canto de esperanza: El Dios que nos hace su visita no es el Dios del castigo, ni del temor, sino el Pastor que consuela a su pueblo. Ésta es hoy su respuesta de consuelo a nuestra necesidad de ser animados; y en esta respuesta consoladora sabemos que el Padre siempre nos remite a su Hijo, ya que él es la Buena Noticia; pero en el encuentro con Él siempre que hay algo que nos desconcierta: que el esperado siempre viene a nosotros de sorpresa; y aunque, como hoy, nos mande un precursor, Juan Bautista, un mensajero valiente, que nos invita a "preparar caminos" y reorientar nuestras vidas, nos encontramos en el desierto de la vida, donde no hay señales ni caminos que orienten nuestros pasos.
El mensaje del Adviento es así todos los años. Puede parecer igual, repetitivo, cansino, extraño y desconcertante. Pero es un mensaje que no deja de provocarnos; no deja de llamarnos a ser radicales y originales; es decir, a ir a nuestras raíces más auténticas. A buscar nuestros verdaderos orígenes. A descubrir en el desierto el valor de lo esencial para vivir. Este valor esencial de nuestra vida lo encontramos en la Palabra que Dios nos regala y que nos consuela en nuestro dolor, nos alienta en nuestra desesperanza, y se nos da como Buena Noticia. La Buena Noticia nos hace saber que Dios nos ama incondicionalmente. Como nos dice el Papa Francisco: "Todo ser humano es objeto de la ternura infinita del Señor, y Él mismo habita en vida. Jesucristo dio su preciosa sangre en la cruz por esa persona. Más allá de toda apariencia, cada uno es inmensamente sagrado y merece nuestro cariño y nuestra entrega" (EG, 274).
Mis queridos hermanos y hermanas, como seguidores de Cristo, nuestra misión es también consolar y liberar. No debemos esperar sólo que nos consuelen y liberen; pero si hemos vivido esa experiencia alentadora, la debemos también extender a otros hermanos.
  • Estamos llamados a ser portadores de una palabra de consuelo para aquellos que, como los judíos de la primera lectura, ya han perdido la esperanza. ¿Quienes esperan hoy nuestro consuelo y acompañamiento?
  • Nuestra misión es suscitar una esperanza activa en "unos cielos nuevos y una tierra nueva" en quienes esta esperanza se encuentra mortecina, apagada. ¿Cómo empeñamos para suscitar esos cielos nuevos y esa tierra nueva?
  • Hemos de hacernos presentes en nuestra historia como buena noticia. No sólo nosotros en primera persona, sino que nuestra comunidad parroquial tiene que aparecer a los ojos de todos como una Buena Noticia para los mas pobres y desanimados.

Amén.

domingo, 30 de noviembre de 2014

CATEQUESIS DOMINICAL

I DOMINGO DE ADVIENTO. Ciclo B.
TRES ESPERAS.

Ideas principales de las lecturas de este domingo:
  • 1ª Lectura: Isaías 63, 16b-17.19b; 64, 2b-7. La oración de la espera. Isaías suplica a Dios y le pide que intervenga porque el hombre es incapaz de salvarse por sí mismo. El profeta continúa su oración confesando los pecados de su pueblo. Reconoce que el pecado ha destruido el puente que unía al hombre con Dios. Termina su oración suplicando que el cielo se abra y baje la salvación para moldear al hombre nuevo, porque él es el verdadero alfarero.
  • Salmo: Oh Dios, restauranos, que brille tu rostro y nos salve.
  • 2ª Lectura: 1 Corintios 1, 3-9. Por las obras testimoniamos nuestra espera. Pablo escribe a la comunidad cristiana de Corinto y explica el sentido de la espera escatológica. Mientras vivimos debemos dar testimonio de lo que esperamos. La espera no es evasión, sino compromiso y anuncio del futuro. El Apóstol nos exhorta a "aguardar" la manifestación del Señor viviendo en comunión con él y con los hermanos hasta el final.
  • Evangelio: Marcos 13, 33-37. En la espera, velamos. Durante el presente año litúrgico que comenzamos hoy, se proclamará el evangelio de Marcos. El evangelista hace una comparación sacada de la vida cotidiana, y nos invita a estar vigilantes, porque el Señor vendrá inesperadamente. No sabemos ni el día ni la hora. Marcos remienda permanecer siempre en vela en espera de la llegada del Señor. Mientras le esperamos, él sale a nuestro encuentro y nosotros lo encontramos en cualquier encrucijada de nuestra vida. Él viene a nosotros y nosotros salimos a su encuentro. Es tiempo de permanecer vigilantes.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo: Comenzamos el tiempo de adviento, y con él, comienza también un nuevo año litúrgico; pero la verdad es que sólo nosotros los cristianos hablamos de un nuevo año, del año litúrgico, y lo festejamos. Este nuevo año no es noticia en ninguna otra parte sino dentro de la Iglesia. Hay que recordar también que entre nosotros, los cristianos, no vemos con claridad esa novedad que irrumpe con el nuevo año litúrgico, ya que muchos vivimos aturdidos, confusos, sin grandes esperanzas ante la crisis que nos amenaza y la apatía que nos aprisiona. Es un hecho incuestionable: los grandes problemas que preocupan a la humanidad, lejos de desaparecer, van creciendo más y más: el hambre, las injusticias, la falta de libertad, las dictaduras políticas, el paro, la corrupción... Todos sabemos que estas palabras reflejan una triste realidad. ¿Se puede esperar algo en estas circunstancias? En esta situación poco creíble marcada por la apatía y la desesperación, nos invita la liturgia de hoy a descubrir la novedad, a renovar la esperanza; así nos lo dice la palabra de este domingo.
En el profeta Isaías, Dios es el "padre" y "alfarero" que nos llama a cambiar y a vivir como personas nuevas; este es nuestro desafío. En este primer domingo de adviento, debemos tomar en las manos nuestra propia arcilla, la arcilla de nuestra vida, y preguntarnos sincera y seriamente. ¿Qué haré con esta arcilla? ¿qué proyecto tengo?¿qué hombre/mujer quiero moldear?
En la primera carta a los Corintios se nos dice que Dios, que es fiel y "nos mantendrá firmes hasta el final", nos "ha enriquecido todo" para que podamos llevar a cabo nuestra tarea.
En el evangelio de Marcos, el Señor nos encarga que llevemos a cabo esta tarea hasta que Él vuelva. Nos pide que estemos en vela.
Queridos hermanos y hermanas, el reto es apasionante, no se puede vivir con apatía, no podemos vivir como las personas sin esperanza. Aprovechemos este tiempo de adviento para mirar el horizonte de luz, generar esperanza, buscar signos de vida en nosotros y en el mundo. Somos conscientes de que ante este reto esperanzador también nos sentimos débiles; por ello, con el Salmo, le decimos al Señor: "Despierta tu poder y ven a salvarnos", ayúdanos a sacudir nuestra posible apatía; a eliminar nuestros miedos; y a superar nuestras desesperanzas.
Al tiempo que esperamos confiados esa ayuda del Señor, hemos de tener tres actitudes durante este tiempo de gracia: la oración, el testimonio de vida y la vigilancia. El adviento nos grita en nuestro interior y nos invita a permanecer en vela, despiertos. El adviento nos pide tener en nuestras manos las lámparas encendidas en espera del Señor y tender nuestras manos a los que no esperan ni creen lo que nosotros esperamos y creemos. El adviento es preparación de la Navidad, La vigilancia de este tiempo consiste en crear silencio en el corazón y extender las manos a los que necesitan nuestra ayuda. El que duerme, ni ve, ni escucha, ni vigila. Adviento es tiempo de vela en espera del Señor, que ha venido, que viene y vendrá a juzgarnos en el encuentro sin fin. Amén.

domingo, 23 de noviembre de 2014

CATEQUESIS DOMINICAL

XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo A,
SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO.
CRISTO REINA AHORA Y POR SIEMPRE,

Ideas principales de las lecturas de este domingo:
  • 1ª Lectura; Ezequiel 34, 11-12, 15-17, Los reyes de Israel dispersaron y descarriaron a su pueblo. Ezequiel anuncia al verdadero pastor que guiará a la humanidad por el buen camino, cuidando a los más débiles y velando con amor por las ovejas enfermas y sanas.
  • Salmo; El Señor es mi pastor, nada me falta.
  • 2ª Lectura: 1 Corintios 15, 20-26, 28. Pablo, en su catequesis sobre la resurrección de los muertos, al final de la historia, se basa sobre todo en la resurrección de Cristo. Expone a los corintios el carácter  absoluto del Reino de Dios. Si Adán nos condujo a la muerte, Cristo a la vida. El Señor camina a la cabeza del grupo que busca a Dios y lo introduce en el Reino del Padre.
  • Evangelio: Mateo 25, 31-46. El Evangelio propone a cristo como un pastor que separa las ovejas de las cabras. Distingue a los justos que hacen caridad y los invita a su Reino, en cambio, a los malvados que cierran su corazón a los débiles y necesitados, los separa de su Reino. La vivencia de las bienaventuranzas es el principio fundamental del Reino de los Cielos.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo: Con la celebración de hoy, festividad de Cristo Rey, cerramos el año litúrgico. A lo largo del año litúrgico, desde el primer domingo del Adviento del año pasado, hemos venido contemplando los hechos de Jesús y hemos venido proclamando su Palabra. Tanto en los hechos como en las palabras, hemos visto a Jesús como centro de una "vida nueva", de un reino de verdad y vida, un reino de la santidad y de la gracia, un reino de la justicia, el amor y la paz que no es de los conocidos de este mundo. No es un reino que se manifieste por su esplendor, por su poderío, por su grandeza. Es un Reino que se nos ofrece en la Cruz, que es el mayor signo de amor y entrega hacia nosotros.
Ya las lecturas que hemos escuchado, nos presentan un rey atípico, es decir, muy diferente a los reyes de este mundo; nos presentan la figura de un rey pastor que se desvive por su rebaño, que muere por él, para que tenga vida, y que conoce a cada una de sus ovejas. Así, en Ezequiel, Dios es el pastor de su pueblo, al que cuida, alimenta y protege. En el evangelio, Jesús es rey y juez que, como el pastor que separa las ovejas de los cabritos, en su venida al final de los tiempos juzgará a todos según el amor que cada uno ha mostrado con los más pequeños, es decir, los pobres y los necesitados. El destino de los benditos del Padre es la vida eterna, inaugurada por Cristo con su resurrección.
Queridos hermanos, estas lecturas que la liturgia nos presenta en la fiesta de Cristo Rey, nos invitan a reconocer en Jesús, al único rey y señor de nuestras vidas; nos hemos hecho cristianos para pertenecerle a Él y seguir sus huellas. Ese seguimiento de Jesús lo haremos bien si reflexionamos  e imitamos la manera como Él ejerce su reinado: su misión de rey consiste en guiar a su pueblo por buenos caminos y defender a sus humildes hermanos, los pobres. Cristo se identifica con los pobres, pero tambien es aquel que ayuda a los pobres. Y a esto nos invita hoy: a reconocerle en los hermanos más humildes y a convertirnos en servidores de los pobres, Si hacemos esto en la medida de nuestras posibilidades, Cristo seguirá reinando en este mundo y aprobaremos el examen del amor que Él someterá a los hombres al final de los tiempos. Amén.

domingo, 16 de noviembre de 2014

ACTIVIDADES DIOCESANAS

DIA DE LA IGLESIA DIOCESANA


La Iglesia española celebra en este domingo 16 de noviembre, que corresponde al 33 del Tiempo Ordinario, el Día de la Iglesia Diocesana. Este año tiene el lema “Participar en tu parroquia es hacer una declaración de principios”. La estructura fundamental y más capilar de nuestra Iglesia es precisamente la diocesana. Las diócesis y las parroquias constituyen un tejido de proximidad más que fundamental para el desarrollo y mantenimiento de nuestra fe, del seguimiento de Jesús de Nazaret.
Colaborar con la Parroquia, es cumplir el mandato evangélico de poner "tus dones" al servicio de los demás, de multiplicarlos para que den fruto. Hay multitud de formas de colaborar con la Parroquia, desde la colaboracion economica para su sostenimiento, hasta la participación en los distintos servicios y actividades pastorales. Es como dice el lema "una declaracion de principios" es declarar con toda tu persona tu compromiso de fe.

CATEQUESIS DOMINICAL

XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. Ciclo A.
LA FIDELIDAD EN LO POCO.

Ideas principales de las lecturas de este domingo:
  • 1ª Lectura; Proverbios 31, 10-13.19-20.30-31. Laboriosidad cotidiana. La lectura propone el modelo clásico de la mujer hacendosa que, con la destreza de sus manos, multiplica los bienes de su casa y familia, y abre sus manos al necesitado y al pobre.
  • Salmo: Dichoso el que teme al Señor.
  • 2ª Lectura: 1 Tesalonicenses 5, 1-5. Invitación a la vigilancia. Pablo rehúsa especulaciones sobre la fecha de vuelta del Señor. Pero insiste en que llegará es día con toda certeza en el momento en que menos se piense. El cristiano, hijo de la luz, debe estar dispuesto a recibir al Señor en todo instante; debe estar disponible y siempre despierto.
  • Evangelio: Mateo 25, 14-30. Invertir los dones recibidos. La parábola de los talentos nos interroga sobre nuestra responsabilidad en saber rendir los dones recibidos del Señor. No podemos esconderlos bajo tierra; deben producir sus frutos. No somos dueños, sino administradores. Dios valorará nuestro trabajo en el día del juicio.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo: El domingo pasado comenzamos el llamado discurso escatológico con el evangelio de la palabra de las diez virgenes. La escatología estudia las creencias sobre el final del mundo. El tema escatológico preocupa siempre a la gente, por la misma razón que nos intriga el de los orígenes del mundo. ¿Cómo empezó todo esto? ¿cómo acabará el mundo y los hombres, ya que todo tuvo principio tendrá que tener fin? Proseguimos ese mismo discurso en este domingo con el evengelio de la parábola de los talentos.
Estas parábolas van dirigidas a toda la comunidad cristiana, es decir, a todos nosotros, los que hemos sido invitados a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía. Es importante que profundicemos estas parábolas para entender el sentido que Jesús quiso darlas. Algunas claves de la parábola de hoy.
  • El "hombre que se fue al extranjero", es Cristo Jesus; su marcha, la ascensión; su vuelta, tu "dia del Señor".
  • Los "empleados", nosotros quienes encomienda la vigilancia durante el tiempo en que se demore su vuelta a nuestra vida.
  • Los talentos son los dones que Dios nos da para que los multipliquemos.
  • La enseñanza o conclusión: "Al que tiene se le dará, y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene".

Queridos hermanos, esta Palabra de Dios de hoy nos enseña a ser responsables de los dones recibidos. Todos somos agraciados. El primer don que reciben los empleados es la confianza de su Señor (fe para nosotros). Dos de ellos la aceptan, se ponen en pie y corresponden con su actividad. En cambio, el tercero tuvo miedo y se encogió. El segundo don es el tiempo. cada día es un talento, un regalo de Dios que nos llega cargado de gracia. los dos primero empleados lo gestionan y aprovechan; el tercero lo neutralizan. No vale dejar que pase el tiempo (de convertirse al Señor y de ayudar...) o aburrirse mientras vuelve el Señor, sino estar activo, llenarlo de contenido. El tercer don, por descontado, son los talentos, más o menos numerosos.
Talentos son todas las capacidades y aptitudes que Dios ha dado a cada persona. Es verdad que todos no las tenemos igual. Cada uno a su medida; pero esto no es una excusa. la cuestión es ponerlas a beneficio de los demás, es decir, multiplicarlas. Talentos pueden ser las sonrisas y el amor que Dios ha puesto en cada uno. Los talentos recibidos son como don para los demás y no se pueden enterrar. El tercer empleado es condenado sin haber hecho nada malo, simplemente por no haber hecho nada, por poner todo su cuidado en conservar los recibido.
Los dones son para ponerlos a fructificar y, a ser posible, no para uno mismo, sino para los demás. es sabio aquel que, habiendo el don, apuesta po él y lo pone al servicio de los otros. Es necio quien no los hace. La laboriosidad y el cumplimiento de las responsabilidades se valoran en los humano, y Dios lo recompensa.A veces los malos ejemplos pueden influir en nuestra vida cristiana y nos dejamos arrastrar por ellos. Pablo nos invita a la vigilancia y a la responsabilidad para que, cuando vuelva el Señor, podamos rendir el doble de los que nos dejó. Amén.