
XXX DOMINGO DEL TIEMPO DEL ORDINARIO. Ciclo A.
¿ES PRECISO ALEJARSE DE LOS HOMBRES PARA ENCONTRAR A DIOS?
Ideas principales de las lecturas de este domingo:
- 1ª Lectura: Éxodo 22,21-26: Compromiso con los débiles. El Éxodo recuerda la verticalidad del amor a Dios, pero exige la horizontalidad amando sus cosas, especialmente la obra predilecta de sus manos: los hombres. Dios, siempre compasivo, encenderá su ira si abusamos de los débiles, que son sus preferidos. Muchas veces nos comportamos débiles ante los fuertes y fuertes ante los débiles. En la lectura se mencionan normas referentes a la justicia social con relación con el prójimo.
- 2ª Lectura: I Tesalonicenses 1,5c-10: Contagio del evangelio. Pablo recuerda a los cristianos de Tesalónica los inicios de su evangelización, cuando entre dificultades acogieron la Palabra y abandonaron los ídolos y aceptaron al verdadero Dios. Pablo con los tesalonicenses actuó siempre movido por la caridad. Ellos siguieron el ejemplo del Señor y de Pablo. El Apóstol desea que sigan siendo modelos de fe y de amor para que la Palabra continúe siendo anunciada.
- Evangelio: Mateo 22,34-40: Síntesis del Evangelio. Jesús resuelve la polémica teórica que existía entre los judíos. Discutían cuál es el mandamiento principal de la Ley. El Maestro responde a los fariseos, diciendo que el amor a Dios y al prójimo son tan semejantes entre sí que se reducen a un solo precepto.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo: El evangelio de este domingo empieza diciendo que los fariseos se acercaron a Jesús para ponerlo en apuros mediante una pregunta que entrañaba malicia. Hoy, a nosotros, nos resulta difícil entender la malicia que llevaba consigo la pregunta que hicieron los fariseos. La cosa se comprende si tenemos en cuenta que los rabinos establecieron una distinción entre mandamientos “grandes” y “pequeños” de la Torá (la Ley de Dios). Había, pues, entre los entendidos de la Ley fuertes controversias sobre cuál era el precepto “más grande”. Pronunciarse sobre este asunto era enfrentarse a grupos influyentes de entonces.
Jesús responde citando un texto fundamental para los judíos, que era recitado cada día como parte del Shemá Israel (Escucha Israel). Desde niños aprendieron a recitar el mandamiento principal: amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas,… Es el mandamiento principal de la Ley al que Jesús le pone un matiz que lo hace nuevo y aún más profundo. Quizás, la respuesta de Jesús a los fariseos les tapó la boca, pues les recordó otra ley que, en definitiva, es la prueba de la anterior: amarás al prójimo como a ti mismo.
Hermanas y hermanos, a nosotros mismos, habitualmente, nos amamos mucho. Esta ley, dice Jesús, es similar a la primera. No puede haber amor a Dios sin amor al prójimo. Está bien amar a Dios, pero ¿cómo amar a Dios a quien no vemos si no amamos al prójimo a quien vemos? Así nos lo ha recordado también nuestro Papa Benedicto XVI, en su Encíclica Deus caritas est. Amar a Dios y amar al prójimo son las dos caras de la misma moneda. Si falta una de ellas, la moneda es falsa, no sirve.
Actualmente abundan los libros sobre autoestima. Ciertamente, hay que quererse uno mismo. Es necesario hacerlo, pero sin perder la perspectiva de que la realización de uno mismo pasa por la de los demás. La heteroestima (amor al otro) es el mejor antídoto contra la falsa autoestima (amor a uno mismo). Podemos vivir esta exigencia del amor al prójimo de muchas maneras en nuestra vida real; algunas de ellas ya nos la propone el libro del Éxodo, en la primera lectura, “no oprimir al forastero, no explotar al pobre, no aprovecharse del prójimo”.
Es la bondad y la misericordia de Dios para con todos sus hijos el fundamento del amor a los demás, especialmente a los más necesitados. La gravedad de esta exhortación se descubre en los mensajes de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Misiones de este año: "La evangelización es un proceso complejo y comprende varios elementos. (…) Al anunciar el Evangelio, la Iglesia se toma en serio la vida humana en sentido pleno. No es aceptable, reafirmaba el siervo de Dios Pablo VI, que en la evangelización se descuiden los temas relacionados con la promoción humana, la justicia, la liberación de toda forma de opresión, obviamente respetando la autonomía de la esfera política. Desinteresarse de los problemas temporales de la humanidad significa ignorar la doctrina del Evangelio acerca del amor al prójimo que sufre o padece necesidad”.
El lema de la Jornada, “Así os envío yo”, debe sonar en nuestros oídos de una forma personal: el Señor nos envía, a nosotros y a nuestra comunidad cristiana, a ser en medio del mundo los testigos luminosos que, por el amor cristiano, den testimonio de Dios. es un camino en el que existe la tentación de optar por lo fácil (abandonar la misión, caer en la rutina, no implicarse a fondo, etc.). Sólo la llamada de Dios hace siempre nueva la misión, el escuchar en envío de sus labios. Jesús renueva su confianza cada día y cada día es nueva la llamada y en el envío. Un cristiano y una comunidad cristiana que viven así son misioneras, pues tienen el impulso del Espíritu para actualizar su amor y poder plasmarlo en palabras y hechos, como desea el Papa: “Que la Jornada Mundial de las Misiones reavive en cada uno el deseo y la alegría de ir al encuentro de la humanidad llevando a todos a Cristo” como María lo llevó. Amén.
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