domingo, 14 de octubre de 2012

CATEQUESIS DOMINICAL

XXIII DOMINGO. TIEMPO ORDINARIO. Ciclo B
SER RICOS PARA DIOS

Ideas principales de las lecturas de este domingo:
·         1ª Lectura: Sabiduría 7,7-11: El sabio busca la Sabiduría por encima del poder y de la riqueza, de la salud y de la belleza. Es un don divino que Dios concede al que se lo pide.
·         2ª Lectura: Hebreos 4,12-13: La palabra de Dios es una fuerza viva, una luz que penetra como espada hasta lo más profundo del alma. La palabra de Dios es la Sabiduría que nos guía en las noches oscuras y nos da la mano en el camino.
·         Evangelio: Marcos 10,17-30: Jesús exige al joven rico que deje todo y le siga; no quiere solamente “justos”, sino seguidores que abandonen todo y se comprometan por el Reino.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo: las lecturas que nos propone la liturgia de la palabra de este XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario nos presentan varios temas para nuestra catequesis dominical: la Palabra de Dios, la Sabiduría, los Mandamientos o el apego a las riqueza. Son temas interesantes que dan mucho que hablar en la actualidad. La reflexión que hagamos de ellos, nos llevaría a replantear muchas cosas en nuestra vida, ya no sólo como cristianos, sino también como humanos. De alguna manera, necesitamos la sabiduría para conocer quiénes somos, dónde estamos, qué es lo más importante para nosotros; necesitamos unas normas que enderecen nuestras acciones dentro de nuestra sociedad; necesitamos desprendernos de aquello que no nos lleva a la felicidad verdadera.
Para ello, el Señor nos habla hoy, en primer lugar, de la Sabiduría en la primera lectura. Nos dice concretamente que el sabio busca la Sabiduría por encima del poder y de la riqueza, de la salud y de la belleza. Es un don divino que Dios concede al que se lo pide. Pero es verdad que la sabiduría es bien poco valorada hoy en día en muchas sociedades del mundo. Lo que se aprecia más es el “tener”, “poseer”, “aparentar”, “el ser rico”. Esto no afecta a otros, también nos afecta a nosotros los cristianos domingueros.
La segunda lectura de la carta a los Hebreos empalma perfectamente con la primera. Esta Sabiduría que advertimos que hace mucha falta hoy a muchos hombres, mujeres y jóvenes, sólo la da Dios en su Palabra. Jesús es esa Palabra, es la Palabra del Padre, sabiduría para quien desea recibirlo. Esa palabra de Dios, que es Jesús, es una fuerza viva, una luz que penetra como espada hasta lo más profundo del alma. Nos guía en las noches oscuras y nos da la mano en el camino de la vida. Esa Palabra también juzga nuestros deseos e intenciones del corazón, dice la lectura; por esto es rechazada, porque pone al descubierto lo que somos y lo que llevamos dentro. Y eso no nos gusta. Preferimos estar arropados por nuestras mentiras que quedarnos desnudos ante ella.
¿Es lo que le pasó al joven rico del Evangelio de hoy? ¿Qué esperaba que le dijera Jesús ante su pregunta de “qué tengo que hacer para ganar la vida eterna”? ¿Quería que Jesús le mintiera? Pues, no. Jesús siempre nos dirá la verdad para nuestro bien. Nos mira con cariño, busca nuestra salvación y no la perdición; por eso nos habla muy claro. Por ello, exige al joven rico que deje todo y le siga; no quiere solamente “justos”, sino seguidores que abandonen todo y se comprometan por el Reino. Este muchacho del Evangelio puede ser reflejo de muchos de nosotros. Todos queremos la salvación, lo mejor, la perfección, pero no con los criterios que nos propone el Señor. Y si es así, ya empezamos fallando. Pero hoy nos propone Jesús otra alternativa para pertenecer al Reino de Dios: ya no basta ser bueno, sino distinto o diferente. Exige un cambio en nosotros. Y para que este cambio se haga realidad en nosotros, no invita ir al origen de nuestros problemas, de nuestras miserias: la crisis de fe. La crisis de fe, como dice el Papa Benedicto XVI, es la fuente de todas las crisis que sufrimos en la actualidad. Es una lástima que veamos sólo la punta del iceberg: la crisis financiera, sin ir a la profundidad de ella. Esto pasa porque creemos que el dinero lo es todo. Y el verdadero mensaje que Jesús le da al joven rico y a nosotros hoy es: EL DINERO NO ES UN VALOR ABSOLUTO, SINO UN MEDIO PARA LA REALIZACIÓN DEL SER HUMANO. Nos lo dice a todos: a los que especulan con el dinero y a los que sufren de verdad las consecuencias de la avaricia que fomentan los responsables de la economía mundial. Amén.

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