XXIII
DOMINGO. TIEMPO ORDINARIO. Ciclo B
SER RICOS PARA DIOS
Ideas principales de las lecturas de este domingo:
·
1ª Lectura: Sabiduría 7,7-11: El sabio busca la
Sabiduría por encima del poder y de la riqueza, de la salud y de la belleza. Es
un don divino que Dios concede al que se lo pide.
·
2ª Lectura: Hebreos 4,12-13: La palabra de Dios es
una fuerza viva, una luz que penetra como espada hasta lo más profundo del
alma. La palabra de Dios es la Sabiduría que nos guía en las noches oscuras y
nos da la mano en el camino.
·
Evangelio: Marcos 10,17-30: Jesús exige al joven
rico que deje todo y le siga; no quiere solamente “justos”, sino seguidores que
abandonen todo y se comprometan por el Reino.
Queridos hermanos y hermanas en
Cristo: las lecturas que nos propone la liturgia de la palabra de este XXVIII
Domingo del Tiempo Ordinario nos presentan varios temas para nuestra catequesis
dominical: la Palabra de Dios, la
Sabiduría, los Mandamientos o el apego a las riqueza. Son temas interesantes
que dan mucho que hablar en la actualidad. La reflexión que hagamos de ellos,
nos llevaría a replantear muchas cosas en nuestra vida, ya no sólo como
cristianos, sino también como humanos. De alguna manera, necesitamos la
sabiduría para conocer quiénes somos, dónde estamos, qué es lo más importante
para nosotros; necesitamos unas normas que enderecen nuestras acciones dentro
de nuestra sociedad; necesitamos desprendernos de aquello que no nos lleva a la
felicidad verdadera.
Para ello, el Señor nos habla hoy, en
primer lugar, de la Sabiduría en la primera lectura. Nos dice concretamente que
el sabio busca la Sabiduría por encima del poder y de la riqueza, de la salud y
de la belleza. Es un don divino que Dios concede al que se lo pide. Pero es
verdad que la sabiduría es bien poco valorada hoy en día en muchas sociedades
del mundo. Lo que se aprecia más es el “tener”, “poseer”, “aparentar”, “el ser
rico”. Esto no afecta a otros, también nos afecta a nosotros los cristianos
domingueros.
La segunda lectura de la carta a los
Hebreos empalma perfectamente con la primera. Esta Sabiduría que advertimos que
hace mucha falta hoy a muchos hombres, mujeres y jóvenes, sólo la da Dios en su
Palabra. Jesús es esa Palabra, es la Palabra del Padre, sabiduría para quien desea
recibirlo. Esa palabra de Dios, que es Jesús, es una fuerza viva, una luz que
penetra como espada hasta lo más profundo del alma. Nos guía en las noches
oscuras y nos da la mano en el camino de la vida. Esa Palabra también juzga
nuestros deseos e intenciones del corazón, dice la lectura; por esto es
rechazada, porque pone al descubierto lo que somos y lo que llevamos dentro. Y
eso no nos gusta. Preferimos estar arropados por nuestras mentiras que
quedarnos desnudos ante ella.
¿Es lo
que le pasó al joven rico del Evangelio de hoy? ¿Qué esperaba que le dijera
Jesús ante su pregunta de “qué tengo que
hacer para ganar la vida eterna”? ¿Quería que Jesús le mintiera? Pues, no.
Jesús siempre nos dirá la verdad para nuestro bien. Nos mira con cariño, busca
nuestra salvación y no la perdición; por eso nos habla muy claro. Por ello,
exige al joven rico que deje todo y le siga; no quiere solamente “justos”, sino
seguidores que abandonen todo y se comprometan por el Reino. Este muchacho del
Evangelio puede ser reflejo de muchos de nosotros. Todos queremos la salvación,
lo mejor, la perfección, pero no con los criterios que nos propone el Señor. Y
si es así, ya empezamos fallando. Pero hoy nos propone Jesús otra alternativa para
pertenecer al Reino de Dios: ya no basta ser bueno, sino distinto o diferente.
Exige un cambio en nosotros. Y para que este cambio se haga realidad en
nosotros, no invita ir al origen de nuestros problemas, de nuestras miserias: la crisis de fe. La crisis de fe, como
dice el Papa Benedicto XVI, es la fuente de todas las crisis que sufrimos en la
actualidad. Es una lástima que veamos sólo la punta del iceberg: la crisis
financiera, sin ir a la profundidad de ella. Esto pasa porque creemos que el
dinero lo es todo. Y el verdadero mensaje que Jesús le da al joven rico y a
nosotros hoy es: EL DINERO NO ES UN VALOR ABSOLUTO, SINO UN MEDIO PARA LA
REALIZACIÓN DEL SER HUMANO. Nos lo dice a todos: a los que especulan con el
dinero y a los que sufren de verdad las consecuencias de la avaricia que
fomentan los responsables de la economía mundial. Amén.

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