Señora Nuestra
y Madre de todos los hombres y mujeres,
aquí estoy, como un hijo
que viene a visitar a su Madre
y lo hace en compañía
de una multitud de hermanos y hermanas.
Como sucesor de Pedro,
a quien se le ha confiado la misión
de presidir al servicio
de la caridad en la Iglesia de Cristo
y de confirmar a todos en la fe
y en la esperanza,
quiero presentar a tu
Corazón inmaculado
las alegrías y las esperanzas
además de los problemas y los sufrimientos
de cada uno de estos hijos e hijas tuyos
que se encuentran en la Cova de Iría
o que nos acompañan desde lejos.
Madre amabilísima,
tu conoces a cada uno por su nombre,
con su rostro y su historia,
y quieres a todos
con la benevolencia materna
que brota del corazón mismo de Dios Amor.
A todos te los confío y consagro.
María Santísima,
Madre de Dios y Madre nuestra.
(Extracto de la oración que pronunció Benedicto XVI, durante su visita a la Capilla de las Apariciones del Santuario de Nuestra Señora de Fátima. Traducción del original portugués por Inma Álvarez © Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana)
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